sábado, abril 5 2025

La gran familia española o el éxito de las ‘influencers’ que venden una maternidad ultraconservadora

Encontrar las siete diferencias ideológicas sobre lo que tiene que ser un hogar entre el filme de propaganda nacional-católica de la segunda etapa del franquismo y el salto a la televisión de las hermanas Pombo no es tan sencillo

Entrevista – Andrea Ros: «Tenemos que aceptar que nuestros hijos van a sufrir, y sufrir no es traumático»

Más de medio siglo separa el estreno de la película La gran familia de Fernando Palacios del docureality de la familia Pombo que se puede ver en Amazon Prime Video, pero sus discursos van de la mano. Si bien el primer título se trata de una ficción en blanco y negro y el segundo es —supuestamente— un retrato de la realidad de los protagonistas, ambos transmiten el mismo mensaje: el modelo de familia tradicional es el modelo mejor. El matrimonio blanco heterosexual bien avenido con un montón de hijos que alcanzan el punto álgido de su felicidad cuando están juntos, da igual que sea un piso con habitaciones insuficientes o en un casoplón en Almería. Encontrar las siete diferencias ideológicas sobre lo que tiene que ser un hogar entre el filme de propaganda nacional-católica de la segunda etapa del franquismo y el salto a la televisión de las influencers no es tan sencillo.

Tanto la película, que cada año emite Televisión Española, como la trama de las Pombo contienen el componente adictivo de la existencia idílica. Observar las vidas felices de esa gente que parece real aunque quizá no lo sea y cuyos valores no tienen nada que ver con los del espectador produce un efecto balsámico, anestesiante. En el universo color crema en el que reside la familia influencer —que está tan cohesionada que incluso se construye su propia miniurbanización de residencias vacacionales en Cantabria (temporada cuatro)— todo es posible. Incluso compaginar la maternidad con una vida profesional agitada con soltura y sin despeinarse.

María Pombo, la lideresa del clan en las redes sociales, tuvo a su primer hijo, Martín, en 2020 y tres años después, a Vega. Sus tres millones de seguidores en Instagram y 600.000 en TikTok pudieron ver cómo los pequeños empezaron a salir en sus publicaciones de forma orgánica. Es lógico porque forman parte del relato de la madrileña que, progresivamente, suma facetas a su personalidad: famosa en la prensa del corazón, creadora de contenido, empresaria, madre amorosa. Capas que han aumentado sus posibilidades de negocio porque ahora, además de influencer de moda y estilo de vida, también entra en el nicho de las momfluencers. Conservadoras, claro.

“Es muy buen contenido porque es muy auténtico, no se tienen que inventar nada. Si están embarazadas, están embarazadas, y si van al médico pueden explicar qué tal ha ido la visita”, explica la periodista Janira Planes, experta en tecnología y cultura de Internet a elDiario.es. “Son influencers a las que seguimos desde hace muchos años y los hijos aportan un punto más de curiosidad que hace que todo el mundo lo siga. Es un arco narrativo constante, una historia que se va desarrollando”, sostiene. 

Aitziber es una de las usuarias de redes sociales que se encandiló de la vida de las ‘Pombashians’ (así se autodenominan) después de ver el docureality y ahora entra los perfiles de las Pombo —los de todas, no solo en el de María— para ver cómo les va. Ella, que tiene tres hijos, empezó el programa “por puro cotilleo”, comenta, “pero confieso que me ha gustado, las he visto más humanas, más normales, con sus idas y venidas en su relación de hermanas y en su maternidad”.

Además, las fotos o vídeos relacionados con los hijos —consejos de crianza o la recuperación después del parto, por ejemplo— son un cebo para los comentarios, algo que también beneficia a las autoras aunque los mensajes sean negativos. “Mucha gente comenta o se lo envía a una amiga porque le da rabia o está en contra. Es contenido que genera mucha conversación alrededor y que las mismas redes también entienden como algo interesante”, sostiene la especialista.

Mucha gente comenta o se lo envía a una amiga porque le da rabia o está en contra. Es contenido que genera mucha conversación alrededor y que las mismas redes también entienden como algo interesante

Janira Planes
periodista especializada en cultura de Internet

Ale, que tiene dos hijos, entró en el universo de las Pombo cuando se estrenó la primera temporada de su serie. Por aquel entonces, su hermana estaba embarazada y cuando las influencers subían algo a sus redes, se mandaban mensajes entre ellas, principalmente para criticarlas. “Era para reírnos entre nosotras, decíamos ‘mira el cuerpazo que tiene ella y el que tengo yo’, en plan de broma”, comenta. Pero el docureality de Amazon le pareció “muy falso”. “La familia se llevaba demasiado bien, estaban muy unidos. Por una parte, pensé ‘qué envidia’ pero, por otra, es que no me creo ni la mitad”, asegura.


La familia Pombo al completo en una escena de su ‘docureality’.

La momfluencer cañí de alto standing

Mientras que en Estados Unidos la figura de la tradwife –esposa tradicional– es una de las más populares para promover los valores ultraconservadores en Internet (vuelta de la mujer al hogar, dedicación completa al bienestar del marido, crianza devota), la momfluencer-muy-conservadora española sale de casa. Incluso las creadoras de contenido con una ideología de derechas más que evidente, muestran una estética moderna aunque sea pija, tanto en la ropa como con la decoración de sus casas, y unas rutinas que incluyen viajes a lugares exóticos con sus retoños a cuestas. De hecho, a veces hasta comparten la crianza con el padre.

Uno de los ejemplos más notables de este colectivo es la pareja formada por María García de Jaime y Tomás Páramo, ambos de profesión influencer desde 2017 y creadores de la marca de ropa Himba Collection. Íntimos de Victoria Federica, la sobrina de Felipe VI, tuvieron a su primer hijo en 2016 con 18 años —de esa experiencia sacaron su libro Botas de colores para días de lluvia (Ed. Planeta)— y ahora van por el tercero. No se casaron hasta 2019 pese a que profesan su fe cristiana de manera casi constante y van a misa muy a menudo.

Mientras que en Estados Unidos la figura de la ‘tradwife’ –esposa tradicional– es una de las más populares para promover los valores ultraconservadores en Internet, la ‘momfluencer’-muy-conservadora española sale de casa

Él, que el próximo mes de abril publica el libro de autoayuda Si supieras quién soy (Espasa), explicó el pasado mes de febrero en su cuenta de Instagram: “No soy el santo de devoción de aquellos que creen que para amar a Dios hay que vivir cumpliendo normas rígidas, asfixiados por el peso del pecado, renunciando a sí mismos por leyes escritas que otros, en su nombre, han impuesto. Pero eso no me aparta de Él”. Ella ha hecho colaboraciones pagadas con Amazon, Longchamp, Estée Lauder y él con Volvo o Dior.

En su pandilla también están las muy mencionadas Pombo: María, madre de dos; Marta, de tres y Lucía, en proceso de quedarse embarazada. La falta de descendencia de esta última, que es la mayor y trabaja como piloto de avión, es uno de los temas recurrentes del docureality. Sus hermanas (las dos de sangre y la hija de la empleada del hogar a la que ‘acogieron’), sus cuñados y sus padres, Víctor Pombo “Papín” y Teresa Ribó “Sito”, expresan numerosas veces las ganas que tienen de que amplíe la familia. Aunque ella manifiesta muchas dudas y contradicciones, finalmente en la última temporada anuncia su intención de tener hijos. Shiseido, Santa Teresa, Stokke, Suchard, Kave Home, Desigual, Meliá Hotel & Resorts son algunas de las marcas que han invertido en la parentela.

Otro caso reseñable es el de Teresa Andrés Gonzalvo (también amiga de todas las anteriores), que lo mismo anuncia productos de belleza de Caudalie o carritos de bebé de Jané que posa vestida de fallera junto a su marido y también influencer Ignacio Ayllón. Tiene 740.000 seguidores en Instagram y es la fundadora de la clínica de medicina estética Enea. “Hay mucha parte comercial involucrada en todo esto. Hay espacio para ensalzar el consumo de productos y para que las marcas hagan publicidad”, señala Planes, “el contenido se hace porque llega muy bien y genera mucha interacción con los usuarios así que hay muchas marcas que potencian que se siga haciendo para vender. Es un pez que se muerde la cola”. 

Hablan de sacrificio, de haber encontrado su verdadero propósito en la vida; tienen casas de ensueño, comen genial, toda su familia parece un catálogo de moda…

Victoria Gabaldón
Fundadora de Mamagazine

Para Victoria Gabaldón, fundadora y directora de la revista cultural de maternidad MaMagazine, las publicaciones de las influencers enganchan al público por el mismo motivo que hace que “una revista como ¡HOLA! sea una de las más vendidas en nuestro país: crean contenidos aspiracionales y atractivos, y tienen medios para hacerlo”, asevera. “Hablan de sacrificio, de haber encontrado su verdadero propósito en la vida; tienen casas de ensueño, comen genial, toda su familia parece un catálogo de moda… Es un escenario aspiracional, pero no parece tan inalcanzable como el de las celebrities, lo que genera la ilusión de que tú también podrías tenerlo”.

A Aitziber le atrae esa estética de esas publicaciones pero, a la vez, el perfeccionismo que muestran genera en ella un cierto sentimiento de frustración. “Incluso cuando los niños van creciendo ¡siempre todo es perfecto! Ellas tienen tiempo de elegir su ropa y combinarla, los niños nunca están llenos de babas ni mocos y la casa siempre está recogida”. Ella tiene claro que la maternidad no es realmente como la muestran en esos contenidos online, al menos según su experiencia. “¿Hay momentos buenos? ¡Muchos! Pero yo no era capaz de estar divina de la muerte con un bebé enganchado a la teta 24/7”, declara.

De hecho, Gabaldón reseña que muy pocas mujeres pueden permitirse maternar como las momfluencers más conocidas, ya que para eso se necesitan ciertos privilegios socioeconómicos como tiempo y dinero. “Las madres que trabajan fuera de casa o las que sufren condiciones económicas más precarias no pueden dedicarse de la misma manera a la construcción de una imagen pública o a la creación de contenidos para promocionar su estilo de vida”, manifiesta.

Cuantos más niños, mejor

El universo de las madres influencers conservadoras se extiende más allá de las aristócratas y allegadas. Otras grandes estrellas de la crianza en los valores tradicionales son las progenitoras de familias muy numerosas, a las que las marcas de gran consumo prefieren para promocionar sus productos. Una de las más famosas es Estefanía Unzu, conocida en redes como Verdeliss, progenitora de ocho hijos que tuvo al último en casa y se ha mostrado contraria a la epidural. Presente en YouTube —donde tiene más de dos millones de seguidores— desde 2008, ha documentado la vida de su familia al detalle, partos (naturales, por supuesto) incluidos. 

Experta en reinventarse, pasó de madre entusiasta a concursante de Gran Hermano VIP y ahora es una atleta de élite: acaba de ganar la World Marathon Challenge —siete maratones en siete continentes distintos en siete días— y ya tiene en marcha un documental sobre la experiencia con Movistar Plus+. Con esta hazaña ha terminado de sacudirse las críticas por la explotación de la imagen de sus hijos —se llegó a poner en marcha una petición en Change.org para denunciarla— ya que ha aprovechado para lanzar una campaña de recaudación de fondos para la investigación del síndrome Menke-Hennekam. Actualmente combina los posts sobre atletismo con campañas para marcas como Women’s Secret (el posado navideño de toda la familia con el mismo pijama) siempre con la superación y el amor por los suyos como bandera.

Irene Alonso, más conocida como @soyunamadrenormal en redes (186.000 seguidores en Instagram) tiene 12 hijos y un mensaje mucho más directo en el tema de la cristiandad, promociona productos de gran consumo como Fairy o mayonesa Hellmann’s. “Aunque parezca una paradoja, el auge de la madre conservadora se alinea con la lógica neoliberal, pues muchas de estas mujeres lo que hacen es monetizar su estilo de vida: son mujeres-anuncio, venden cursos de crianza o capitalizan su imagen y, en ocasiones, la de sus criaturas”, comenta Gabaldón.

Algunas agencias de representación de influencers, como The Wolf Is Coming, tienen una categoría específica de familias. En ella están @familiacoquetesoficial y @unalocuradefamilia, un clan liderado por Ana, la madre de los nueve hijos que aparecen en los perfiles (tienen más de 600.000 seguidores en Instagram y 470.000 en Youtube). La imagen que proyecta está muy alejada de la de las Pombo —va más en la línea de la película de Fernando Palacios— pero los valores son igual de conservadores: no hay mayor felicidad que la que reside en el seno de una casa española con muchos niños blancos criados por su papá y su mamá (que hacen colaboraciones pagadas con Aliexpress).