viernes, abril 4 2025

Las reinas llevan bragas

A mí lo que me hubiera escandalizado es que la princesa Leonor hubiera bajado a tomar el sol y bañarse en Punta del Este con refajo, faldilla y bufanda, como si fuera una numeraria o pretendiera ser más casta, más santa y más virgen que su antepasada Isabel II

La pacateria es una enfermedad muy contagiosa»

Celeste Carballo

Cada vez me pasa más que mi cabeza es dueña de unas buenas podaderas. O sea que cada vez más me acuerdo de la sustancia y me olvido de lo periférico (eso incluye los nombres propios). Por eso no sé datarles la anécdota de la reina española que, encontrándose en medio de una recepción, fue víctima de una mala pasada de sus costureras. Algo se le desplomó y cayó al suelo. Apurada, una condesa-duquesa-marquesa-lo-que-fuera que pertenecía a su servicio personal se acercó y murmuró a su oído: “Majestad, se le han caído las bragas”, a lo que la soberana, regia, se volvió sin inmutarse y respondió: “Las reinas de España no llevan bragas”. Así que levantó un pie, levantó el otro, y siguió recorriendo el salón dejando en el suelo aquel incordioso adminículo. 

Así que sí, las reinas llevan bragas aunque a veces las dejen en el suelo o, como le sucedió a Isabel II de Inglaterra, se las olviden en un avión allá por 1968, y luego se las saquen a subasta. La reina longeva y parlamentaria lo tenía claro, y así, cuando alguien le preguntó si podía repetir vino en una comida, ella contestó: sólo ten en cuenta que luego tienes que reinar toda la tarde. 

Todo esto viene a cuento del bikini y la caña de la heredera al trono de España. ¡Madre, si parece todo medieval! Obviamente la Casa Real no lo arregla cuando pretende pleitear en Chile por unas ingenuas imágenes de una cámara de centro comercial en la que se la ve arreglándose la bufanda, por mucho que vulnere su difusión la protección de datos. A veces los que se consideran expertos en comunicación olvidan que es imposible controlar todos los cabos y que, si alguno se te afloja, lo más inteligente es usarlo a tu favor. ¿Qué problema hay en que una joven de 18 años recorra un centro comercial o se tome una cerveza con sus compañeros? Entre otras cosas la han mandado a servir para que sea normal, para que viva la vida de sus colegas que nunca volverá a vivir. ¿Es posible que la dejen en paz? 

Madre, con el bikini. A mí lo que me hubiera escandalizado es que hubiera bajado a tomar el sol y bañarse en Punta del Este con refajo, faldilla y bufanda, como si fuera una numeraria o pretendiera ser más casta, más santa y más virgen que su antepasada Isabel II, esta vez de España, no de Inglaterra. 

Me da ternura y lástima la muchacha. Hace todo lo que está en su mano para cumplir con su deber –nos guste o no, ahora mismo es su deber– a una edad en la que todos andábamos desfasando y se la pregona por llevar bikini. Tal vez la Casa Real debiera asumir que para sus relaciones públicas es mucho mejor que se aprecie que Leonor es capaz de hacer con gente normal cosas de gente normal y eso sin impostarse; a lo mejor porque es princesa de sangre real y por eso lo extraño le deviene en normal sin necesidad de hacer aspavientos. Y es que las reinas llevan bragas y las presidentas de las repúblicas, también. Nunca he visto tanta alharaca por un rey o un presidente en bañador meyba, la verdad, y creo que si hubieran usado braga náutica tampoco se hubieran desatado los titulares. Dejadla en paz, pobrecilla, con la que está pasando en la singladura, que es dura y exigente. A ver si somos empáticos con el escudriño al cuerpo de todas las mujeres, sean plebeyas o de sangre de tinta Parker. Dejadles vivir.

(Dejo aquí un interregno para introducir los insultos de aquellos que afirmen que he devenido en monárquica. He devenido en ser humano y, por tanto, procuro no odiar ni a los que han de ceñir corona. Me parece antiguo)

Llega luego el segundo episodio, el de la demanda de protección del honor del abuelo de Leonor contra Revilla. No tengo ni idea de lo que ha escrito Revilla, aunque sé por experiencia que los personajes que devienen en ídolos de audiencia a veces se van de caña y escriben cosas que un profesional nunca escribiría, por si las leyes. En todo caso el Emérito está en su derecho de hacerlo, cosa distinta es que le den la razón. Si todos somos iguales ante la ley, si pretendemos que la inmunidad es una aberración porque lo hace diferente, entonces asumamos que puede usar las leyes civiles como todos los demás. 

He visto contraatacar a esta decisión hablando de su inmunidad y de que se ha ido de rositas por sus cuestiones fiscales; creo que ha sido el propio Miguel Angel Revilla. Pues tengamos claro que Juan Carlos I no se ha ido de rositas porque ningún juez  lo haya decidido sino porque el Gobierno de Pedro Sánchez, a través de la Fiscalía General del Estado, así lo decidió. Este asunto no llegó a los jueces sino que fue la Fiscalía en unas diligencias preparadas para parecer una instrucción judicial la que decidió que primaban la prescripción y la inmunidad. Pero la Fiscalía no instruye ni decide nada en nuestro país. Decidieron no llevarlo ante la Justicia, que ya es mucho, y darle apariencia de judicialización, que era la madre del cordero. Cómo me gustaría poder oír es entrevista que tuvieron en Zarzuela la entonces vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, y el actual jefe del Estado, esa en la que dicen que se fraguó la salida del Emérito a cambio de taparle la retirada. 

Las reinas y las princesas llevan bragas y bikinis y los políticos retirados pueden saltar la línea roja de la norma como usted y como yo. O como Marine Le Pen, a la que cierta izquierda medio defiende afirmando que es una afrenta que los jueces retiren candidatos por inhabilitación. De lo de usar más de cuatro millones de euros del Parlamento Europeo –de los contribuyentes europeos– para dar servicio a su partido y a ella misma en vez de para su finalidad, de eso no veo que digan nada. ¿Acaso afirman que dado lo “inoportuno” deberían los jueces haber mirado para otro lado respecto a esos cuatro millones? Que la ultra izquierda defienda estas cosas me pasma. ¿Qué diferencia hay entonces entre Melenchon, Iglesias y los trumpistas o Abascal? 

Las reinas llevan bragas y a veces se les caen y a algunos políticos lo que se les debería caer es la cara de vergüenza. 

Vivan los bikinis en Punta del Este que, la verdad, digan lo que digan los argentinos sus acérrimos usuarios, tampoco es para tanto.