jueves, abril 3 2025

Inocentes hasta que se demuestre lo contrario

Todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario. La presunción de inocencia debe ser enervada por la acusación sobre la que recae la carga de la prueba

Es mejor que mil personas culpables escapen a que un solo inocente sufra

Benjamin Franklin

2025 y yo escribiendo sobre la Fórmula de Blackstone, medio millar de años después, que se dice pronto. Que el sectarismo, la ignorancia, la estulticia, el autoritarismo, el borreguismo me obliguen a hacer esto hoy en una democracia occidental demuestra hasta que punto se ha degradado nuestro marco de convivencia libre. En Laudibus Legum Anglicae, el jurista inglés reflejaba todo el fundamento sobre el que está basado cualquier sistema legal justo de un país libre: no encarcelar inocentes. Blackstone uso la fórmula 10:1 y Fortescue usó la proporción 20:1. Como ven en la cita inicial, Franklin se fue al infinito. Feministas de saldo, atentas, Mather en los juicios de las brujas de Salem usó la proporción de Blackstone: “Es mejor que diez brujas sospechosas escapen que una mujer inocente sea condenada”. Porque a veces son las mujeres las perseguidas por testimonios no confirmados. 

Esto no es opinable. Esto es la base de un Estado de Derecho y de una democracia. Cualesquiera que no entienda esto no es demócrata y no debe ocupar espacio en democracia. Eso incluye a la vicepresidenta Montero que debe irse inmediatamente del Gobierno y no volver asomar la jeta en años: “Qué vergüenza que todavía se cuestione el testimonio de una víctima y se diga que la presunción de inocencia está por delante del testimonio de mujeres jóvenes valientes”. Quien esto dice no puede seguir ni un segundo más ocupando un cargo público. Ni un segundo más. La presunción de inocencia es la auténtica base de soporte de todo el sistema legal. Por la presunción de inocencia hay derecho de defensa y abogados; por la presunción de inocencia hay procedimiento; por la presunción de inocencia hay jueces y juicios; por la presunción de inocencia hay absoluciones. Quien no cree en esto es peor que el peor de los dictadores que recuerden. La presunción de inocencia se antepone a todo y debe ser desvirtuada en un procedimiento contradictorio en el que se usan todos los medios de prueba por parte de la acusación que si no logra enervarla, si no logra probar su tesis, no logra la condena.

De eso y no de otra cosa va todo esto de la sentencia de apelación que absuelve a Alves. La única hipótesis relevante que se somete a juicio es la acusatoria. Da lo mismo cuantas versiones haya dado el acusado, que no tiene penalización por mentir cuanto quiera. Esa sentencia dice textualmente: “Por tanto, no afirmamos que la hipótesis verdadera sea la que mantiene la defensa del acusado. Lo que afirmamos es que, de la prueba practicada, no cabe concluir que se hayan superado los estándares que exige la presunción de inocencia de conformidad con el art.24.2 CE y del art 6 de la Directiva (UE) 2016/343 del Parlamento Europeo y del Consejo de Europa de 9 de marzo de 2016”. Y, por tanto, absuelven. Nada más legal ni más loable excepto en este mundo de locos en el que han convertido este país y, lo que más me duele, que lo hayan hecho en nombre del feminismo. Pues bien, si ser feminista en 2025 es sostener aberraciones antidemocráticas como esas, bórrenme, no vuelvan a ponerme esa etiqueta. El feminismo que yo defiendo es racional y democrático. Lo demás no me interesa. 

No voy a entrar en la cantidad de aberraciones impropias de una democracia que se precie que han salido de boca de ministras o exministras. Con lo anterior lo doy por resuelto. ¿Son conscientes de lo que sale de su boca? ¿Entienden el peligro? ¿Recuerdan, cuando no toca buscar votos con la Memoria, que en época franquista bastaba el testimonio acusatorio de un vecino para que te dieran el paseillo? ¿Se dan cuenta de que hay gente opinando que ni ha leído la sentencia ni sería capaz de entender la sutil argumentación jurídica basada en los principios básicos del Derecho y en esa sutil línea que va de la presunción de inocencia al in dubio pro reo?

La sentencia que absuelva a Alves no va contra la víctima, en todo caso contra el tribunal de instancia al que acusa de irracional, de ilógico y de haber suplido con su voluntad los vacíos probatorios y las incongruencias. Que una mala prueba no te estropee una buena condena. A la víctima no le restan credibilidad sino fiabilidad. He descubierto que hay personas incapaces de ver la diferencia. El testimonio no es fiable porque se contradice con pruebas científicas. La víctima dice que no hubo felación pero hay esmegma del acusado en el frotis bucal. ¿Cómo decía la Audiencia que el raspado en la rodilla se lo hizo durante la felación obligada que no se produjo según la víctima? La víctima relata en qué posición se produjo la violación y, a preguntas de los jueces lo explica, y las pruebas de huellas dactilares no casan con su versión y curiosamente sí con la de la defensa. Las amigas describen un ambiente previo y las grabaciones de las cámaras desvirtúan ese testimonio. Así que con esos mimbres, que yo abrevio pero que pueden encontrar en el punto 6 de la sentencia, apartados 10 y 11, no es posible enviar a un hombre a prisión. Ni a Alves ni a ninguno. Tampoco a una mujer. Somos iguales ante la ley. Los hombres aún conservan sus derechos básicos, vamos digo yo. 

Quiero felicitar al tribunal por hacer su trabajo más allá de la presión ambiental, que por ello son jueces. Todos deberíamos hacer nuestro trabajo a pesar de los insultos o las descalificaciones. Se llama honestidad y deber. Ese tribunal que no es de franquistas -de facto hay dos miembros de Jueces para la Democracia, asociación que ha tenido que salir al paso porque, claro, alguna vez te toca a ti también el linchamiento-; ese tribunal en el que hay expertos en violencia de género; ese tribunal al que no se le pueden aplicar los clichés al uso. Así que se han desatado la demagogia y la locura argumental. ¿Saben que la ponente de esta sentencia fue una jueza progresista valiente que salió de las primeras públicamente a criticar la sentencia de Pamplona por La Manada y a afirmar que hubo violación? 

Rota la posibilidad de gritar “jueces franquistas” o “jueces machistas” se ha optado por hablar del “mensaje que envían a las mujeres”, como si una sentencia fuera una botella lanzada al mar de la opinión pública en la que importara más lo que van a pensar los receptores que la máxima de hacer justicia y, sobre todo, la de no enviar a prisión a inocentes. Esta gloria ha sido proferida por la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que para más inri es doctora en Derecho Constitucional. Se me saltan las lágrimas. Es todo un despropósito sideral. La sentencia está muy bien argumentada y queda una instancia, el Tribunal Supremo, que hará su trabajo sin mandar botellas a nadie. Por cierto, esta sentencia como tantas otras que aplican el in dubio pro reo, no disuade a nadie de denunciar. Todos los días en todas las Audiencias de España se condena por violaciones y las sentencias devienen firmes después. Unos 2800 hombres condenados por delito sexual en los datos del CGPJ de 2023. Tranquilas. Lo de la ex vicepresidenta es que ni lo comento.

Todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario. La condena se produce más allá de toda duda razonable, como habrán oído en las pelis americanas que se pide al jurado. La presunción de inocencia debe ser enervada por la acusación sobre la que recae la carga de la prueba. Más valen diez culpables sueltos que un solo inocente en prisión. ¿Saben a quién protege todo ese armazón del sistema? A ustedes y a mí, a sus hijos, a los inocentes. Si esto se cae, lo demás cae con ello. No hay feminismo ni sororidad ni mente lógica que asuma que la palabra de una mujer, de cualquier mujer, esté por encima de todo ello. Yo no lo asumo. Es monstruoso.

Espero que Montero dimita hoy mismo. Lo que ha dicho es medieval. Lo que ha dicho es tan aberrante que no puede continuar siendo ministra del Gobierno de España. No puede gobernar nada, seguramente ni su propia vida. 

Todos somos inocentes, hasta Dani Alves, hasta que no se demuestre lo contrario.